Un trasplante logra que la corteza de unos ratones sea más de un 90% humana
En una prueba con cinco horas de baja oxigenación, el tejido humano sufrió daños considerables y los animales mostraron problemas de equilibrio y de marcha, según Stanford Medicine.

Investigadores de Stanford Medicine trasplantaron fragmentos de tejido cerebral humano cultivado en laboratorio, llamados organoides corticales, en ratones modificados genéticamente, según un comunicado de Stanford Medicine sobre el estudio, publicado el 16 de septiembre de 2026 en la revista Nature.
Los animales habían sido diseñados para que casi toda su corteza cerebral estuviera ausente.
Tres meses después del trasplante, más del 90% del volumen de la corteza de esos ratones —bautizados “xenocorticales”— era de origen humano. El tejido trasplantado, además, había establecido conexiones funcionales con el cerebro del animal y con su médula espinal.
El autor principal del estudio es Sergiu Pasca, profesor de Psiquiatría y Ciencias de la Conducta en Stanford.
“Estos modelos animales ofrecen una oportunidad única para estudiar cómo las alteraciones de la circuitería cerebral humana asociadas a enfermedades se manifiestan en un sistema nervioso intacto”, afirmó Pasca.
El equipo modificó genéticamente ratones para que las células que originan el neocórtex no llegaran a formarse; esos animales, llamados “apaliales”, conservaron solo un 2% del tejido cortical habitual.
Dos días después de nacer, los ratones apaliales recibieron organoides corticales humanos, cada uno con unas 100.000 células, implantados en la cavidad que había dejado la corteza ausente.
El tejido trasplantado contenía neuronas de von Economo, un tipo de célula extremadamente rara que antes solo se había observado en cerebros humanos post mortem y nunca en un cultivo de laboratorio, y representa apenas una de cada 90.000 neuronas corticales.
En una prueba de concepto, los ratones xenocorticales fueron expuestos a cinco horas de baja oxigenación.
El tejido humano sufrió daños considerables y los animales mostraron problemas de equilibrio y de marcha, similares a los que se observan en niños con parálisis cerebral; los ratones normales y los apaliales prácticamente no se vieron afectados.
El estudio fue financiado por el Instituto Wu Tsai de Neurociencia de Stanford, los fondos Kwan y Senkut, y la Fundación de Investigación sobre el Cerebro y la Conducta.
“Los neurocientíficos podrán aprender mucho más sobre las causas y los mecanismos de los trastornos del neurodesarrollo y los trastornos derivados del embarazo, y probar posibles intervenciones para corregirlos o prevenirlos”, afirmó Pasca.
Según Pasca, el nuevo modelo debería acelerar la investigación sobre la esquizofrenia, la epilepsia, el autismo profundo y la parálisis cerebral.
Pasca dijo que el equipo recibió opiniones de especialistas en ética, neurobiólogos, representantes de pacientes, filósofos y juristas a lo largo de varios años de experimentación.
En noviembre de 2025, Pasca organizó además una conferencia en Asilomar, California, para debatir las implicaciones éticas de este tipo de trasplantes.